La Rosa del azafrán (Crocus sativus), nace cuando toca y muere cuando toca, y todo está bien.
Disfruta de la sorpresa de su nacimiento, de la alegría de su fragancia, de la belleza que respira... Esos pequeños e insignificantes momentos que nos regala cuando el libro de la vida casi está escrito y el autor repasa el poso que han dejado las imágenes, la palabras dichas, las dormidas, las escritas, como más o menos poética, antes de cerrarlo definitivamente, y escribe la posdata en la última página como si fuese una carta al amor de su vida, rescatada de lo más profundo del corazón, que sólo él conoce y que necesita expresar para cerrar la vida en paz.
...Però no ho diguis.

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